Opinión
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Un aprendizaje continuo, "lifelong learning"

 

   

   

 El año 2040 la forma de estudiar y adquirir competencias ha cambiado radicalmente. La evolución acelerada y constante del entorno, y las dificultades para mantener un conocimiento actualizado sobre los continuos avances científicos y de tecnología, hizo que se popularizara entre los ciudadanos el novedoso programa de aprendizaje “Sherpa Virtual del Conocimiento”, un asistente virtual basado en IA, que desde entonces nos acompaña en todo momento y forma parte de nuestras vidas. Al igual que el móvil, la televisión, las gafas, el reloj o el parabrisas del coche están conectados permanentemente a la red, y el Sherpa tiene comunicación directa con todos ellos, utilizándolos como plataformas de aprendizaje online, en cualquier momento y lugar. Mi Sherpa personal tiene una información completa de mis cualidades y competencias, y por medio de algoritmos de IA es capaz de anticiparse a lo que voy a necesitar aprender, para que, después de elaborar de forma apropiada el contenido y el ritmo de la formación, sea capaz de realizar un seguimiento de los conocimientos adquiridos, y proponerme nuevos retos de aprendizaje.

 

 Hasta ahora, estudiar una carrera o especializarse en una profesión podía ser suficiente para acceder a un puesto de trabajo, y realizar una tarea o desempeñar una función durante muchos años, sin apenas cambios. Pero este aprendizaje convencional, en un momento de la vida, se quedará obsoleto. La información se multiplica exponencialmente cada día, y nuestro entorno cambia a un ritmo tan acelerado que es imprescindible adoptar el hábito de la formación y la experimentación constante, lo que se está denominando lifelong learning, o aprendizaje continuo a lo largo de la vida.

 

 Los seres humanos tenemos un impulso natural para explorar y aprender, pero este impulso se ha apaciguado en las últimas décadas, influenciados por una sociedad quizás más conformista, que genera un déficit grande de iniciativa empresarial, de educación emprendedora, de cultura del riesgo y la innovación, acompañado de un exagerado miedo al fracaso, un estigma difícil de llevar, y sobre el que nos advierten y educan desde la infancia. Pero esta situación, cíclica a lo largo de la historia, irremediable deberá cambiar, pues como dijo el escritor y futurista estadounidense Alvin Toffler, “los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no sean capaces de aprender, desaprender y reaprender”.

 

 A nivel laboral, el profesional destacado del futuro no será aquel que en un determinado momento de su vida obtuvo una buena calificación en un examen o en una prueba, sino que será aquel que sea capaz de aprender de los procesos y técnicas rápidamente, en ambientes nuevos o desconocidos. Las organizaciones, para mantener la competitividad en el mercado global, deberán ser innovadoras, adaptables y cambiantes. Y lograr esto dependerá de la habilidad y el conocimiento de las personas trabajadoras, porque innovar, probar un nuevo proceso o hacer algo nuevo, siempre requiere de aprendizaje. Por lo tanto, las empresas de más éxito serán aquellas que, por una parte, hayan fichado empleados con una actitud de aprendizaje proactiva y constante, y que, por otra parte, hayan creado una cultura de aprendizaje flexible y continua dentro de la organización.

 

 ¿Y cómo se desarrollará este nuevo aprendizaje? Principalmente se producirán tres cambios significativos: En primer lugar, la educación online será sin duda la más predominante, pues es accesible para una audiencia mucho más amplia que la presencial, tiene un menor coste, no está delimitada a un espacio físico concreto, y permite además ser flexible en los horarios y, por lo tanto, facilita la conciliación personal, familiar y laboral. En segundo lugar, habrá un gran protagonismo de las aplicaciones de realidad virtual, aumentada y mixta, que supondrá una experiencia más amena e interactiva, y además permitirá monitorizar en tiempo real el progreso de los estudiantes. Y, en tercer lugar, la inteligencia artificial hará posible una formación a medida, adaptada a los conocimientos, aptitudes y habilidades de cada alumno, que supondrá no solo una oportunidad para hacer más eficiente el aprendizaje, sino también una forma de detectar obstáculos o problemas de aprendizaje.

 

 La organización Lifelong Learning Council Queensland (LLCQ), entidad que estudia y divulga este tema, ha desarrollado una interesante teoría con cuatro pilares necesarios para tener éxito en el aprendizaje continuo:

 

 Aprender a saber, dado que adquirir conocimientos debe ser una tarea estimulante y no solo para terminar una tarea u obtener una nota. Es necesario tener gusto por aprender, porque con ello el individuo desarrolla otras habilidades, como la curiosidad y la reflexión.

 

 Aprender a hacer, porque no basta con adquirir conocimientos teóricos, es necesario poner a prueba la asimilación de contenidos e información. Por lo tanto, uno de los pilares del aprendizaje permanente es aprender de la práctica.

 

Aprender a convivir, por la importancia de las interacciones entre las personas y su influencia en los resultados del aprendizaje, el trabajo en equipo y la creación colaborativa.

 

 Aprender a ser, porque las personas necesitan ser autónomas para aprender cosas nuevas por completo. En otras palabras, el protagonismo del proceso de aprendizaje es de cada individuo, y la consigna principal es la autorresponsabilidad y la autogestión en la construcción de ese conocimiento.

 

Francisco Yañez. Faro de Vigo. Estela. 11/02/2024